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¿Cómo consiguen ciertas especies sobrevivir a los biocidas?

A pesar de que en ocasiones nos contraríe, la Naturaleza, sin duda, es sabia.  Cucarachas que modifican su sentido del gusto y desarrollan aversión a los cebos, chinches que engrosan su cutícula para evitar la penetración de los insecticidas en su cuerpo o insectos capaces de descomponer los compuestos pesticidas antes de que los maten. Lo que los humanos llamamos resistencia, para la Naturaleza es evolución y supervivencia.

¿Cómo consiguen ciertas especies sobrevivir a los biocidas?

La resistencia a los pesticidas no es nueva, pero es sin duda una amenaza creciente.

¿Es sorprendente que la resistencia se produzca? Pues no. Hace 160 años, Darwin describió este hecho como evolución, el proceso de selección natural que elimina a los individuos no aptos.

Mientras que el primer caso documentado de resistencia en artrópodos se remonta a 1914, a partir los años 1950/60 se inicia un espectacular aumento de este fenómeno.

Asi lo explica Clive Boase, experto y consultor británico en control de plagas urbanas en un artículo publicado en la revista Pestmagazine.

Según Boase, ya en 1993 un tercio de las moscas domésticas ( Musca domestica ) en las granjas británicas eran resistentes a las piretrinas naturales. En 2007 prácticamente todas las cepas de chinches de la cama en Londres mostraban resistencia al bendiocarb o a la alfa-cipermetrina.

Y, para que hablar de los roedores. Reino Unido encabeza la resistencia mundial de ratas y ratones a los rodenticidas anticoagulantes.

El problema no es, no obstante, una cuestión meramente británica sino que nos afecta a todos.

La resistencia es un asunto realmente complejo

Visto de un modo esquemático, la aparición de resistencia a los pesticidas en los organismos diana podría explicarse como la adquisición intergeneracional de la capacidad de supervivencia frente al modo de acción de estas sustancias.

Si en una población de, por ejemplo insectos, alguno de ellos sobrevive al tratamiento químico, las próximas generaciones mostrarán más y más individuos resistentes a este tratamiento.

Pero, el mecanismo de la resistencia no es, en realidad, nada sencillo sino muy complejo y en el intervienen diferentes mecanismos: los insectos y otras criaturas tienen muchos niveles potenciales de defensa.

Con el siguiente gráfico, Clive Boase nos explica cómo consiguen ciertas especies que el biocida utilizado en un tratamiento no sea capaz de realizar su función.

Los cuatro niveles de defensa que describe son:

  • La C es para resistencia conductual: Por ejemplo, existen evidencias de que algunas cucarachas en EEUU han desarrollado aversión hacia ciertos azúcares presentes en los cebos insecticidas y que esta aversión ya la heredan genéticamente . Simplemente, ya no se comen el cebo. La resistencia conductual también se ha observado en el control de roedores en Reino Unido, donde, por ejemplo, los ratones evitan entrar en los portacebos.
  • La P es para evitar la penetración del biocida: Existen evidencias, por ejemplo, de un engrosamiento de la cutícula en ciertos insectos, como las chinches de la cama, lo que dificultaria la penetración de la sustancia activa en el organismo diana.
  • La D es para la capacidad de desintoxicación: en otras palabras, algunos insectos son capaces de descomponer el pesticida en su cuerpo con enzimas, antes de que el biocida llegue al órgano al que va dirigido.
  • Y, finalmente, la M es para la mutación del punto de acción del biocida: Los pesticidas tienen un modo de acción concreto, que afecta a un punto específico del organismo diana. Una causa habitual del desarrollo de resistencias es una modificación genética en dicho punto de acción. Cuando esto sucede, la interacción entre el compuesto y su punto de acción se ve afectada y el biocida pierde su eficacia.

Fuente: www.pestmagazine.co.uk

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