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Ciudades de EEUU reportan más Ratas que nunca

Bienvenido a la edad de la rata urbana. Hay aproximadamente 2 millones de ratas en la ciudad de Nueva York, según una estimación de 2014, lo que significaría que los roedores neoyorquinos superan en número a los humanos en Filadelfia. Los científicos de la Universidad de Cornell, una vez calcularon que las ratas causan daños por unos USD 19.000 millones al año. Las ratas y otros roedores transmiten directamente 11 enfermedades, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) y ayudan a difundir una docena más.

“Parece ser que las poblaciones de ratas urbanas están empeorando”, alerta Jason Munshi-South, un biólogo de la Universidad de Fordham y coautor de un nuevo estudio sobre poblaciones de ratas en la ciudad, publicado en Proceedings of the Royal Society B. El cambio climático empuja a la aparición de las ratas. También lo hace un renovado interés en la vida urbana. Que haya más habitantes en la ciudad significa que hay más comida, más refugios y más recursos para las ratas.

Como que hay una mayor presencia de roedores, y han aparecido nuevas herramientas biológicas, los científicos han comenzado, recientemente, a abordar las poblaciones de ratas de una forma más científica, según cuenta Munshi-South.

Las ratas han estado cerca de nosotros durante siglos. Las ratas noruegas, las rattus norvegicus, cruzaron el Atlántico a bordo de barcos europeos en el siglo XVIII (el nombre de ratas noruegas es engañoso ya que los roedores, originalmente, provenían del norte de China o Mongolia). Si las solicitudes de control de plagas suponen alguna indicación, se puede decir que las ratas salen en cantidades inusuales. La línea 311 (de ayuda) de Washington recibió más de 3.000 quejas por la aparición de ratas durante el 2016, un récord alcanzado en los últimos cuatro años, según informó The Washington Post.

En el nuevo informe, el biólogo y sus colegas mapearon la genética de las ratas en cuatro ciudades del Nuevo Mundo: Nueva Orleans, Nueva York, Vancouver y la ciudad brasileña de Salvador. Los investigadores capturaron, al menos, 150 ratas en cada ciudad, cortaron un poco de tejido e utilizaron las muestras comparándolas con 15.000 marcadores genéticos. Al rastrear las diferencias sutiles en las mutaciones entre las poblaciones de ratas, los científicos identificaron dónde se habían agrupado las diferentes familias de ratas.

La resolución del estudio “es tan alta que puede agregar características del paisaje”, apuntó Michael Kohn, un biólogo evolutivo de la Universidad de Rice, en Texas, que no estaba vinculado a este estudio. Aunque los investigadores anteriores han analizado la diversidad genética de las ratas de la ciudad, “antes no era posible hacerlo a este nivel”, señaló Kohn.

En noviembre pasado, Munshi-South y sus colegas publicaron un documento que describía la relación de las colonias de ratas en la ciudad de Nueva York. Descubrieron que las ratas de uptown downtown son poblaciones separadas, divididas por un distrito comercial relativamente inhóspito (para las ratas) en el centro de Manhattan. Ese trabajo sugirió una barrera al flujo genético en el medio de la ciudad, donde las ratas no irán, ni tampoco sus genes.

El nuevo trabajo confirmó la presencia de ratas en la Gran Manzana, tanto en uptonwn como en downtown, y también localizó las divisiones de ADN en las otras tres ciudades. Las ratas que había en el French Quarter de Nueva Orleans eran genéticamente distintas a las ratas del Lower Ninth Ward. Un canal parecía tallar la ciudad para las ratas, entre el este y el oeste. En Salvador, las ratas se dividen en “básicamente un grupo del norte y un grupo del sur”, afirmó Munshi-South. En Vancouver, los autores descubrieron un grupo de ratas en el sureste con vínculos genéticos particularmente estrechos. “Creemos que las principales autopistas están causando ese problema”, indicó.

John aseguró que el estudio fue un bello ejemplo “de genética de paisaje”. En el más amplio nivel regional, las tasas globales de diversidad genética no eran tan diferentes de una ciudad a otra. Pero los patrones locales de bloque a bloque se hicieron evidentes, es como desplazarse de una imagen satelital de Google a fotos detalladas de la calle. Kohn enfatizó que la diversidad genética era leve, y solo detectable gracias a la alta resolución de los 15.000 marcadores genéticos. El punto no era mostrar que el Bronx tiene “ratas monstruosas” en comparación con el resto de Nueva York.

Munshi-South subrayó que los científicos deben ser “un poco circunspectos” al identificar una característica dada como una barrera para el flujo de genes. El trabajo futuro combinará las características físicas, así como los datos demográficos y económicos humanos, para determinar qué restringe el movimiento de las ratas. Pero uno de los resultados del trabajo fue claro: las ratas relacionadas tienden a permanecer juntas. En Nueva York y Nueva Orleans, las ratas mostraron la correlación genética más alta dentro de los 450 metros una de la otra, y más allá de esa distancia las tasas de ADN compartido cayeron precipitadamente.

Marc Johnson, un biólogo de la Universidad de Toronto, dijo que el estudio marcó un avance importante en la ecología de las ratas, así como la evolución en las zonas urbanas. “Su descubrimiento de que las ratas están más relacionadas genéticamente a pequeñas distancias, y que tanto las barreras hechas por el hombre como las naturales limitan el movimiento de las ratas, puede tener implicaciones importantes para el control de las poblaciones de ratas en las ciudades”, sostuvo Johnson.

Históricamente, el control urbano de plagas era reactivo, según explica Munshi-South, utilizando un “abordaje al azar” para atacar a las ratas. Las nuevas estrategias, dijo, considerarán la biología de las ratas y explicarán hasta dónde se mueven en sus vidas, en un intento de eliminar poblaciones discretas. Si esa subpoblación no se elimina, advirtió, la próxima generación puede repoblar una cuadra en unos meses.

Si las ratas viven en las ciudades estadounidenses durante los próximos 300 años depende de nosotros. Si nuestras ciudades se desarrollan más intensamente, se vuelven más densas e interconectadas, Munshi-South sospecha que las ratas harán lo mismo. “Depende las elecciones que hagamos sobre cómo construimos el paisaje, qué densidad poblacional hay y qué tan buenos somos en la gestión de la basura”, apuntó. “Eso siempre es la clave con las ratas”.

Fuente: Infobae

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